Andrés: I

I
Andrés es un joven perfecto. Mentira en realidad es un niño problema, y ni siquiera tanto, tiene un par de problemas pequeños o... ¿era solo un gran problema? Como sea, es algo que lo acompleja bastante o más bien la sociedad lo acompleja por ello. Quedémonos con que él es complicado, tal vez... su vida es complicada. No sé y la verdad no importa; a menos que seas él, sus amistades, su familia, sus profesores, la iglesia o la sociedad.

Andrés es de esas típicas personas no típicas. Sí, de esas mismas: de ojos azules, pelo rubio y piel blanca; perteneciente a la común familia chilena de clase media acomodada con problemas económicos, y que a causa del interés crediticio, no recibirá una buena pensión. Aunque, tienen una casa estupenda en un barrio de gente de bien. Él es de buenas notas; estas son entre 1,0 a 7,0. Destaca en habilidades varias. Música, arte, emocionalidad y sociabilidad son habilidades, alguna de ellas debe de tener. Eso sí, es un muy buen deportista.

Andrés solo tiene un defecto y es que es un drogadicto perdido y sin posibilidad de rehabilitación, bueno pecaría de falaz si digo eso. Solo es un borracho empedernido y un fumador aun peor, y no es tan así, la verdad apenas toma y ni fuma. Ocasionalmente consume marihuana para acompañar y el tiempo matar. Pero él no se la compra; sin embargo, eso no le impide pedirle a sus amistades, para fumar la nada misma y la cosa ninguna. Después de esto, de fumar, él sufre una grave crisis moral donde se replantea todo el sentido de su vida (o por lo menos pasa eso según yo). Sus amistades dicen que simplemente se "bajonea" y en cambio él afirma que no le pasa nada. Creo que lo que hace que se sienta mal, es que le sienta mal, o que, la sociedad lo hace sentir mal. Dice que como deportista no debería de fumar, aunque, también dice que fumar es un deporte de alto rendimiento. Rechaza la yerba alegando que su familia la prohíbe por considerarla inmoral y, sin embargo, es el primero en luchar para que el seno de la sociedad no prohíba la libertad de consumo.

Andrés es muy creyente, aunque, no va a misa, va al confesionario. Busca hablar con el cura para así superar su adicción. Después en la noche, con un pito en la boca y otro "él" en la mano, reflexiona sobre su conversación con el sacerdote. Conversando con la imagen en la pantalla negra, y fumando otro poco, coincide consigo mismo de que no es un vicio sino un pasatiempo entretenido. Mientras siente una energía subírsele por el cuerpo; que le nace desde la boca del estómago, sube por el esófago y la tráquea hasta llegar a la garganta; donde gran parte de esta ya está ocupada por un humo blanco y rasposo con olor a alegría. Se le empieza a escapar la risa y le sonríe sin motivos a la máscara de cordura que aparece reflejada en su mano. Máscara atravesada por una blanquecina fila de dientes; liberados del manto de labios que les suelen cubrir, y que debido al recogimiento muscular propio de la deshidratación, componen ahora una mueca extraña. La mueca está a medio camino de ser un tajo transversal, levemente curvado hacia arriba en los extremos, y una inhalación desesperada.

Ni sonrisa ni jadeo, de la hendidura extraña que ahora es su boca, se escapa de esta una voluta pálida de tanta alegría. Al rítmico compás de las contracciones de su pecho se le escapa de sus labios una densa neblina, no sin que antes esta le raspé la garganta. En tanto la grisácea espiración va teniendo lugar, su rostro se ve cubierto de encarnados colores. Rosa, granate, carmesí; a cada convulsión torácica  sus mejillas van tiñéndose de un rojo más pronunciado. Al mismo tiempo en su blanca esclerótica aparecen delgados filamentos de color sangre, dándole a sus ojos un curioso contraste entre el azul cielo de su iris y el rosado sangre de su contorno, como si estuviese llorando.

Con toda esta locura Andrés se pone cariñoso consigo mismo. Mirando el reflejo de "él" en la pantalla, ahora apoyado en uno de los lindes de su cama, humedece los dedos medio e índice de su mano izquierda. Para que con ellos eroticé la aréola de sus pezones. Sobajeos, pellizcos y estiramientos, todos esos movimientos los realizaba con su mano izquierda en sus pectorales; mientras que con la derecha se toca su genitalidad. Así, mientras su mano izquierda recorría frenética su torso, con el dedo corazón de su mano derecha intentaba enterrar su masculinidad en su pelvis. Con el dedo medio intentaba entrar el falo dentro suyo; mientras que, con los dedos anular e índice acariciaba y separaba, de sí mismas, las pelotas testiculares dentro su bolsa escrotal.

Mientras mira la imagen de sí, apoyada contra el borde, al mismo tiempo asqueada, drogada y excitada. No puede evitar que se le escapen de su boca frases como: "mirate putita", "sabes que te quiero", "estoy muy drogado hermano", "das asco", "mira como te gusta", "no le digas a nadie" y "te amo". Todo parece ir bien, a pesar de la evidente rudeza de este masturbatorio acto sexual, y a pesar de que no logra eyacular. Todo parece ir bien hasta que la consensuada imagen que le devuelve la negra superficie desaparece reemplazada por la imagen y el tono específico de llamada que había configurado para una persona en particular. Abruptamente detiene su toqueteo y sin poder evitarlo el líquido seminal, que hasta ese entonces parecía incapaz de salir, brota de su uretra cual regadera de condensada leche. En este mismo momento, que su fluido seminal emerge, un temblor sacude todo su ser haciendo rebotar las endebles estructuras de su lucidez contra los limites de su conciencia. En la más abyecta locura y por medio de febriles convulsiones un montón de sensaciones recorren en ese momento la corriente nerviosa de su cuerpo. Presa del orgasmo y el pánico, la rabia y el placer, el miedo y el dolor mira con horror el nombre de la llamada entrante.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Última cena

Escapada de cuarentena

La Bacanal